Durante mi viaje por las comunidades indígenas de distintas cuencas de la amazonia peruana encontré valiosas razones para sentirse una vez más motivado y comprometido en la noble labor de contribuir en la realización común de los sueños más encumbrados: la titulación de comunidades indígenas. Pasó más de una década esperando hasta que en menos de un año mi comunidad fue titulada con el apoyo de AIDESEP, estamos muy agradecidos, dijo el jefe de la comunidad nativa Nuevo Jesús de Praga, bajo amazonas, Loreto. Las amenazas de invasión de foráneos y la recurrente confrontación no han cesado del todo después de haber logrado la titularidad colectiva de esta comunidad.
La peligrosa avidez de ocupar con
violencia parte del territorio de los pueblos indígenas supera la alegría de la
formalidad comunal y obliga a no bajar la guardia para garantizar la seguridad
prolongada y el autodesarrollo, la gestión eficiente de los recursos y la
vigencia activa de los conocimientos milenarios.
El líder fundador de la comunidad
nativa Remanso del Yavarí –ubicado en la triple frontera Perú, Colombia y
Brasil– fue asesinado con irreproducible crueldad en el mes de agosto de este
año, por personas dedicado al cultivo ilícito de coca. Su esposa, hijos y
familiares directos huyeron raudos después de una tensa y subrepticia sepultura.
Los criminales estuvieron a escasos pasos de ellos para aniquilarlos y así
tomar la comunidad sin riesgo alguno. Todo lo que viene después son hechos que hierven
la sangre y vuelcan lágrimas porque la búsqueda de justicia jamás existió de
ningún lado, por temor o encubrimiento. Remanso del Yavarí es una comunidad
titulada y su caída en manos de criminales representa hoy el mayor peligro para
otras comunidades.
Este funesto escenario de
asesinato y olvido de líderes indígenas ha ido disminuyendo gradualmente en los
últimos años debido al considerable avance del proceso de titulación de las
comunidades indígenas. AIDESEP y sus aliados apoyaron acciones relevantes para
hacer posible la titulación de más de 100 comunidades en los últimos cuatro
años y todavía falta 560, esta brecha deberá ser reducida sin pausa para el
bienestar y la paz de los pueblos indígenas. Si no hubiéramos logrado titular y
defender mi comunidad estaríamos invadidos hasta quizá asesinados, dijo con
mucho entusiasmo un líder del pueblo Kukama de la cuenca baja del río Marañón.
Si las comunidades nativas nunca
hubieran sido reconocidas y tituladas, podrían haber enfrentado mayores
dificultades en la defensa del territorio ancestral y la cadena de transmisión
de los saberes tradicionales estarían convalecientes, los bosques prístinos convertidos
en monocultivos y en barbechos degradados en su capacidad de ofrecer al mundo
soluciones climáticas concretas. Sin
embargo, la titulación no es una muralla imbatible, es fundamental y urgente
robustecer la vigilancia y control del territorio, proteger a los líderes y
defensores, exigir políticas públicas y del sector empresarial global mayor
respeto de los derechos fundamentales y colectivos.
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