El crimen organizado escaló en ferocidad porque malos funcionarios y
políticos de alto rango e intermedio del Estado peruano se han convertido en
aliados detrás de bastidores, en la sombra. Las enormes ganancias de las
actividades ilegales ingresaron también a los bolsillos de los pérfidos oficiales
de la PNP y de las fuerzas armadas, de los jueces y fiscales, gobernadores y gobiernos
locales, senadores y diputados, medios de comunicación y líderes de opinión, líderes
sociales, tenedores de predios y concesiones forestales, otros operadores de
los tentáculos más brutales que avanzan como células cancerígenas en los
órganos vitales de la sociedad. Aquellos perversos que han jurado cumplir la carta
magna en el deber de garantizar la plena vigencia de los derechos humanos y de
proteger a la población de las amenazas contra su seguridad y bienestar general,
no han sido derrotado en combate convencional ni asimétrica sino corrompido en
el campo de los valores y de la ética a cambio de dinero fácil y poder presuntuoso.
Amparado por las “leyes pro crimen”, la extracción de oro en la amazonia
peruana destruyó miles de hectáreas de bosques, debilitó las acciones de
seguridad e interdicción de la PNP y la Marina de Guerra, contaminó con
mercurio a miles de personas mayoritariamente de las comunidades nativas y que
el asesinado de líderes defensores estén siempre bajo el paraguas de la
impunidad y el olvido. El narcotráfico multiplicó la apertura de aeropuertos
clandestinos en la selva sin que los ojos de los comandos antidrogas lo vieran
ni a través de la avanzada tecnología satelital del tráfico ilícito de drogas,
que disponen.
El estudio del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA), reportó
que en la región de Madre de Dios se estima que se liberan unas 180 toneladas
de mercurio al año. Además, en 2024 en las cuencas del Nanay-Pintuyacu y el
Bajo Putumayo, en Loreto, encontró que el 97 % de las 439 personas estaban
contaminadas de este metal. El mercurio en su forma gaseosa es predominante en
el aire y puede permanecer allí durante varios meses, recorriendo largas
distancias antes de depositarse sobre la vegetación, el suelo o los cuerpos de
agua. Enfatiza CINCIA.
AIDESEP, los Gobiernos Territoriales Autónomos (GTAs) y los líderes de las
comunidades, con la finalidad de frenar el avance y la barbarie del crimen
organizado, han reforzado sistemas propios de control y vigilancia del territorio
ancestral, incorporando tecnología de alerta temprana, mejorando capacidades y
pertrechos de los comités de autodefensa y guardias indígenas, gestionando riesgos
y planes de patrullaje, alertando a las autoridades que si hubiera algún mortal
desenlace que no abandonen a los deudos y que la justicia prevalezca. Este triste
y doloroso cuadro es un acontecimiento inevitable de muerte del defensor, del
líder que jamás se rindió ante mil amenazas recibidas y dos mil nobles consejos
de abandonar el frente. Estando seguro solamente de una cosa, que la injusticia
en su tesitura más deplorable no podrá jamás sobreponerse al poder del ejemplo
y de la brillantez eterna del heroísmo. Más temprano que tarde algún tipo de juglar
contemporáneo y vernacular irá de pueblo en pueblo, de comunidad en comunidad
contando a los niños y jóvenes las hazañas y sueños de aquellos hombres y mujeres
que dieron su vida en defensa del territorio, la vida y la cultura.
Las más importantes trincheras legales y morales del Estado y autoridades
gubernamentales fueron debilitadas y agujereadas por la economía ilegal. La
invasión está en marcha, si no hay una pronta contraofensiva el poder de la minería
ilegal de oro y narcotráfico tomarán el control del país. En este contexto de zozobra
y violencia los pueblos indígenas serán los que lleven la peor parte porque los
recursos de la sangrienta cadena de valor abundan en tierras protegidas por miles
de años. Entonces, una vez más la arquitectura de defensa del territorio milenario
se pondrá a prueba, basado en la historia de imbatible resistencia.