Wednesday, August 25, 2021

Aún no logramos amanecer la palabra.

Nuestros abuelos decían que la palabra debería de amanecer. Decían que amanece en la cosecha abundante y saludable, en la construcción consistente y duradera de la maloca, en la hechura de finos y maravillosos tejidos, en la manifestación de una mente brillante, en la irrupción de un día de intenso verano en medio del prolongado invierno –necesario para salvar pichones de loros habladores–, en la ineficaz mordedura de serpiente en el alma de una niña, en la profusa reciprocidad del bosque y en la vida retozante de la fauna visible e invisible. Cuando la palabra amanece, decían, las ánimas ayudan en el éxito de la usanza de las plantas medicinales y de otros saberes que salvaguardan la salud y la armonía. Hasta que un día la palabra no amaneció feliz –entonces logramos comprender con el corazón y la razón que el mundo es un ser vivo y nosotros somos la criatura vital de esta cofradía, interactuamos en distintos idiomas y compartimos los mismos propósitos frente a la defensa de la vida– porque yacían enfermos los ríos, los animales y las personas. Si en el decurso del tiempo la palabra que dio origen a la existencia misma de todo ser vivo no amanece, el planeta sufrirá graves problemas de salud y no podrá brindar a sus congéneres de aquí y allá las provisiones imprescindibles.

Cómo pudiste viajar tan lejos en tan poco tiempo, allá al otro lado del río en tierras extranjeras. Cómo lo hiciste.

Simplemente hice amanecer la palabra del viento –contestó el abuelo–. Si logras hablar con el viento y obtienes su respeto y admiración te vuelves como él.  Entonces, adquieres la capacidad de desplazamiento por encima de esta tierra, de principio a fin. El cuerpo viaja en una cápsula o potente burbuja dirigido por el pensamiento. Al llegar al destino prescribe la imperceptible cámara de locomoción por sí misma, en el mismo instante de pisar suelo. Sin haber sufrido metamorfosis alguna estás expedito para desarrollar las actividades concebidas. Para retornar o ir a otro lugar, la palabra tiene que volver a amanecer, una y otra vez. Si la palabra del sol amanece en ti –obviamente a pedido suyo– eres visto por todos los animales como un ser incandescente, antropomorfo de fuego que ahuyenta las conspiraciones de fieras y aquelarres.

 

La sociedad del conocimiento técnico, científico, filosófico, artístico, humanístico – sociales y de la educación (enseñanza – aprendizaje) deberán reinventarse en el campo de las soluciones de los grandes problemas que confronta la humanidad. La transición del conocimiento basado en la generación de riqueza sin abordaje social, intercultural y ambiental hacia el conocimiento de contención de riesgos e impactos en la vida de las poblaciones más vulnerables, es el principal e infalible reto de estos tiempos. Las escuelas y casas de estudios superiores deberán hacer amanecer la palabra de la ciencia y la ética. Por un lado, es vital el descubrimiento de nuevas tecnologías alternativas para combatir las terribles enfermedades globales como la pandemia, la contaminación de las fuentes naturales y la degradación de los bosques y, por otro lado, es de vida y muerte el inmediato funcionamiento de escuelas de ética y virtud para graduarse en impulsores (con el ejemplo) del respeto mutuo, trasparencia de los quehaceres públicos, no discriminación y el amor al prójimo y otros valores desdibujados.

 

En la búsqueda de hacer amanecer la palabra del buen vivir, las organizaciones indígenas afilados a COICA suscribieron recientemente el documento LLAMADO URGENTE A UN PACTO GLOBAL PARA PROTEGER EL 80% DE LA AMAZONIA PARA EL 2025. En resumen, “Instamos a los países de la cuenca del Amazonas a declarar el estado de emergencia y detener de inmediato la expansión de actividades industriales destructivas, políticas gubernamentales y subsidios públicos dañinos que permiten una mayor destrucción de los bosques. El estado de emergencia abordaría los factores que impulsan la deforestación y, al mismo tiempo, dejaría espacio para el diseño y la implementación de estrategias dirigidas hacia un cambio transformador perdurable. Las naciones industrializadas deben reconocer su papel en el cambio climático y el rol trascendental de la Amazonía en la mitigación del mismo y canalizar todos los recursos necesarios para garantizar una transición justa para quienes habitamos el bioma y para sus propios ciudadanos. El momento para la acción es ahora”. Obviamente, defendiendo derechos y cultivando nuestros saberes ancestrales.

Monday, February 08, 2021

Cuando la terca miopía del Estado incrementa la muerte por COVID19

 “Todos los días mueren tres o más personas con síntomas de COVID19 en la localidad de Caballococha (triple frontera). Aquí no hay oxígeno ni atención médica suficiente. Los pacientes que están siendo evacuados se van a morir en Iquitos, debido al colapso de los hospitales”. Fragmento del audio de auxilio del apu, del pueblo Ticuna, Francisco Hernández Cayetano. Emitido el 8/2/21.

En el mes de mayo del año pasado, los pueblos indígenas organizados han presentado a la Dirección Regional de Salud de Loreto (DIRESA-L) y al Ministerio de Salud (MINSA), entre otras líneas de acción, la reactivación y funcionamiento del sistema de promotores de salud Indígena (SPSI), para hacer frente a la incursión del coronavirus en el territorio de los pueblos indígenas de la región Loreto. Esta propuesta no ha sido tomada en cuenta ni siquiera en el momento cuando la convalecencia y muerte de profesionales de la salud (médicos, enfermeras, enfermeros y técnicos) estuvo en el nivel más alto. Entonces, ha sido trágica la consecuencia de la política de oídos sordos del Estado (DIRESA-L, PCM y MINSA). Más de cien hermanos indígenas murieron, de acuerdo a la información brindado por los líderes comunales. La incapacidad de aplicar –la variable étnica en el conteo de fallecidos– en forma oportuna y extendida propició la minimización del etnocidio. Murieron porque no pudieron recibir atención médica ni información básica sobre medidas preventivas, porque no pudieron conseguir medicina, oxigeno ni otros pertrechos necesarios.  Frente a la grave vulneración del derecho a la salud pública, ORPIO interpone una acción de amparo (23/7/20), cuya fundamentación dice:

Ante la lentitud e indiferencia de las autoridades del Gobierno para atender de manera inmediata y efectiva a las comunidades indígenas victimas del COVID19 en Loreto, la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO) decidió junto al Instituto de Defensa Legal (IDL) interponer una demanda constitucional de amparo en contra del propio Estado para proteger la vida de las comunidades indígenas”. “Esta demanda se dirige principalmente al Ministerio de Salud, la Dirección Regional de Salud de Loreto, el Ministerio de Economía y Finanzas, el Viceministerio de Interculturalidad del Ministerio de Cultura y el Gobierno Regional de Loreto por no proteger apropiadamente a los pueblos indígenas amazónicos de la región de Loreto frente al COVID-19”. http://www.orpio.org.pe/?p=1961

Actualmente, las comunidades indígenas están desprovistos de capacidades necesarias para afrontar los impactos de la nueva variante del virus. Hubieran estado en mejores condiciones si el Estado (DIRESA-L, PCM y MINSA) hubiesen acogido e implementado la propuesta de los pueblos indígenas basado en el Sistema de Promotores de Salud Indígena (SPSI). Esta plataforma de atención primaria, intercultural y pertinente se hubiera complementado perfectamente con el plan de asistencia médica itinerante (brigadas) y las Plataformas Itinerantes de Acción Social (PIAS) Aéreas y fluviales, ejecutado por el MIDIS.  El problema es que los “especialistas” del Estado hicieron prevalecer estrictamente el sentido de la palabra “itinerante”.  Las brigadas de salud realizan dos raudos viajes en tres meses, en promedio. Van y regresan sin dejar asegurado las provisiones de medicinas y equipos de bioseguridad en los centros de salud y mucho peor en las comunidades más alejadas. Las PIAS fluviales llegan hasta donde la profundidad del agua le permite. Después que las brigadas y las PIAS regresan, retorna en las comunidades la realidad de la indefensión, la escasez de servicios de salud, la zozobra por falta de información y la muerte.

Desde diciembre del año pasado no salió ninguna brigada ni las PIAS. La nueva variante se está diseminando con rapidez y la terquedad y la miopía del Estado persiste. Las comunidades indígenas volvieron a presentar la propuesta SPSI y otras acciones orientado a salvar la vida de la población más vulnerable.

Friday, December 25, 2020

Loreto: La educación del pueblo y la seguridad alimentaria en grave riesgo.

Antes y durante la pandemia pude conversar con varios hermanos en la misma comunidad de origen, sobre temas de mayor interés y que les tiene muy preocupados y agobiados por la imposibilidad de encontrar respuesta confiable de los gobiernos locales y regional de Loreto. “Conversar con Elisban Ochoa es muy difícil. Intentamos varias veces sin éxito. No quiere escuchar a las comunidades”, se lamentaba –de la indiferencia del Gobernador de Loreto– un líder indígena de la cuenca alta del Putumayo.

Cada año egresan de la secundaria –de los territorios de los pueblos indígenas– muchos jóvenes que por falta de argumentos logísticos no logran emprender una carrera profesional. Esta comunidad de copiosa capacidad de aprendizaje y de abundante deseo de superación están siendo, ahora, aprovechado por mafias relacionados con el narcotráfico que logró penetrar sin mayor dificultad la selva noreste y parte del noroeste y de grupos armados ilícitos que operan, por ejemplo, en la frontera Perú – Colombia. Este escenario podría convertirse, en poco tiempo, en una máquina acelerada de tortura y muerte. Como la vorágine que se vivió en la época del caucho en esta misma tierra, donde la muerte ha sido total: la vida, cultura propia y la esperanza próxima de bienestar. Una parte pequeña de esta comunidad sale en busca de oportunidades: de empleo decente, de realizar estudios superiores con apoyo de alguna organización no gubernamental, entidad o amigos. Otros se quedan en casa. Labrando, cazando, pescando y defendiendo el territorio que le amamanta y ejerciendo los conocimientos ancestrales.

Los territorios ancestrales, territorios comunales titulados, áreas naturales protegidas, áreas de conservación regional, áreas privadas de conservación y las concesiones forestales están siendo agujereados por los cultivos ilícitos, por madereros ilegales que legalizan esta actividad con los papeles de los concesionarios y otros usuarios legales del bosque, cuya degradación masiva y profunda es inminente. Sin olvidar –porque está prohibido olvidar– que la contaminación de la actividad petrolera y el uso de productos tóxicos en la pesca artesanal socava severamente las bases de la seguridad alimentaria en corto plazo.

Las comunidades indígenas que conviven con las áreas naturales protegidas reclaman la presencia activa y productiva del Estado. “En el territorio donde vivían nuestros antepasados y nuestros abuelos ha sido establecido la Reserva Comunal Airo Pai. Nosotros así lo deseamos, nosotros le cuidamos. Pero, ahora nos dimos cuenta que el Estado o SERNANP no llega. No solamente se debe conservar las especies, también se debe atender las necesidades de las personas. Estamos preocupado por el deterioro de la atención médica, educación, comunicación, capacitación y no hay ninguna actividad generadora de economía sana”, dijo Anselmo Sandoval, presidente de la Organización Indígena Secoya del Perú - OISPE. “Mientras tanto, estamos siendo tentados para abrir nuestro bosque…”.

¿Qué piensan los líderes?

El Estado, en todos sus niveles, deberá actuar con prontitud a fin de avanzar en el desarrollo de la dignidad humana de las comunidades indígenas y asegurar el ejercicio de los derechos colectivos y fundamentales. El bosque nunca podrá representar nuestra esperanza de una vida sostenible local y global sin el bienestar de los que allí viven.

Monday, March 23, 2020

“Aquí vive nuestra sachamama”


Por: Jorge Pérez Rubio

Íbamos un fin de semana a buscar alimento en los bosques del medio Putumayo. Teníamos planeado atravesar el territorio que había sido habitado por nuestros congéneres hace más de un siglo. Allí nacieron y desaparecieron por la estrangulación social y la diáspora inducido por la barbarie de los patrones caucheros. Después de caminar más de cinco horas bajo las tupidas frondas –de riquísima historia, olores, colores y especies– caí en una trampa o tal vez pisé la línea inmaterial de un anillo de seguridad –diseñado para proteger el canasto de la sabiduría que pervive en su entraña, los vestigios aún de pie y la resonancia de las canciones dedicadas a la naturaleza y al triunfo de la vida–  que, en menos de un segundo, abrió sobre nuestro alrededor una ráfaga de rayos incandescentes y aterradores. No cayó sobre nosotros porque mi padre tenía el sello de la milenaria cofradía. No te asustes hijo, el espíritu protector de nuestros antepasados no te ha reconocido. Ven aquí para decirle que eres parte de la familia –dijo mi padre mientras quemaba un poderoso cigarro de su hechura– de lo contrario la encendida tormenta no cesará. El potente humo de tabaco envolvió mi cabeza por varios minutos. Fumaba y alternaba con invocaciones de calma a nuestros antepasados subyacentes en la sagrada montaña –con los ojos enfocados por debajo del dosel humeante y azotado por la estrepitosa sucesión de descarga eléctrica– afirmaba mi pertenencia al clan murui muinane y pidió perdón por no haber advertido mi presencia. El cielo recobró el admirado azul en un cerrar y abrir de ojos, como si una colosal mano retiró el manto oscuro de la tempestad.

Abrigado por el sosiego pregunté qué pasó. Cómo el mediodía radiante desapareció repentinamente si no había señal alguna de inminente borrasca. Con quién hablaste. 

Este lugar –me dijo– es sagrado. El cacique ordenó, antes de huir con su pueblo, el establecimiento de un mecanismo prodigioso de protección concéntrica cuyo núcleo conformado por la maloca y las zonas circundantes deberán ser impenetrable e inalcanzable por personas extrañas. La avidez de los cazadores y buscadores de madera fina no pudieron remontar jamás el portentoso parapeto y la vida que en ella existe eclosionaron felices por mucho tiempo. En adelante podrás ingresar a esta tierra sin problemas, tienes el salvoconducto otorgado por tus abuelos, de por vida. 

Después de treinta años, en el río Tapiche, tuve el privilegio de escuchar una excitante e inquietante historia que hizo renacer el recuerdo de aquel mediodía de inclemencia y estupor, pero también de esperanza. Remanso se llama la valiente comunidad que dibujaba en una asamblea el tamaño del territorio donde viven, relieve, zonas de caza y de reserva, sitios históricos, lugares depredados y extraordinarios. Aquí vive nuestra sachamama –dijo con natural soltura el apu– y dibujó la figura del animal en el papel. Mi imaginación desprendida empezó a dar forma a la bestia de acuerdo a los relatos populares. 

Cómo sabes que es una sachamama.
Hace mucho tiempo que sabemos de él –el brillo de sus ojos expresaba honestidad y respeto por el ofidio que, según los expertos ancestrales, posee el dominio del agua y de la tierra– pero nunca pudimos acercarnos tanto. Intentamos varias veces, pero fuimos repelidos por relámpagos de alto voltaje, lluvias intensas y nubes que cegaron el sol. Nuestros chamanes tienen muy buena comunicación con el abuelo sachamama, es nuestro amigo y protege este vasto territorio. El día que nos abandone esta tierra quedará desprovista de la abundancia conocida y de la orientación espiritual y sanatorio, concluyó.

He pedido a Dios que libre de todo tipo de plagas a esta comunidad y muchas otras comunidades que coexisten con la naturaleza en armonía y reciprocidad. La comunidad de Remanso está conformada por más de 100 habitantes, no tiene escuela, botiquín ni medio de comunicación.

Tuesday, December 31, 2019

He visto aumentar el dolor y la pobreza.


Comunidad Nativa Victoria
Puinahua (río Marañón)

En los últimos cinco años la pobreza aumentó aceleradamente en las comunidades nativas y campesinas de la región Loreto. Me refiero a las personas que viven más allá de las capitales de las provincias –si estas urbes han permanecido de pie es porque los gobiernos lo han visto siempre como potencial electoral–. En intrigada reciprocidad les dieron muchas atenciones haciendo inversiones en infraestructura social e impulsando servicios básicos, de calidad incipiente e infrecuente. La delgada circulación monetaria –motivado por estos trueques– ha colocado a esta población en el cauce macilento de la dinámica de mercado. Mientras que las comunidades aisladas no alcanzan respuestas oportunas frente a la letalidad de la hepatitis B y otras enfermedades recurrentes, no hay en la lejanía disponibilidad de antídoto para mordedura de víbora ni siquiera existe una cadena de asistencia médica que atraviese la selva para salvar vidas. Las muertes frecuentes provocados por males evitables son más dolorosos y desnuda el cuerpo de la indiferencia y la discriminación que se engendra cómodamente en el sistema político actual del país. ¿Es posible remontar esta ignominia? Sí es posible. El desarrollo de la persona humana en un régimen de valores y posibilidades tiene que estar por encima de toda discusión y materia que enloquece a los líderes económicos y políticos de nuestra sociedad.

El programa “Beca 18” es una brillante política de educación superior para jóvenes estudiosos de familias de escasos recursos económicos. Durante su vigencia abrió las puertas de las oportunidades a muchos, pero también dejó frustrado a la mayoría de los que en algún momento creyeron haber pisado la escalera del progreso. El tamiz de los postulantes ha sido diseñado por eruditos de la educación básica regular que no tomaron en cuenta el bajo nivel de la enseñanza – aprendizaje en todo la región y la innecesaria focalización de los beneficiarios puso la última viga a las expectativas. Cientos de hombres y mujeres que no lograron acceder a la beca hoy talan el bosque para sembrar coca –cultivo que creció vertiginosamente en nuestra región tomando por asalto el sistema de seguridad del Estado permeable por los narcodólares, la réplica de las calamidades del VRAEM está a punto de estallar–, extraen oro de los ríos y manipulan mercurio, están al acecho de los grupos que actúan en la informalidad y del crimen organizado. Ni un segundo más debemos estar impasibles ante este claustro que oscurece la esperanza de un mundo mejor. Las autoridades deberán aunar esfuerzos para crear un sistema de educación superior alternativo que abrigue las almas recónditas sedientas de superación. La creación de un instituto superior tecnológico público aquí en Victoria arreglaría la vida de todos, me dijo el apu Nelson Arimuya. 

Loreto es la región con más áreas naturales protegidas creadas y otras encaminadas. Está muy bien proteger el bosque para seguir recibiendo de ella el pan de cada día, sin deteriorarla. Pero, ¿cuáles son los roles de las áreas naturales protegidas para aliviar el dolor y la pobreza del poblador amazónico? ¿Por qué se establecen sobre territorios ancestrales reduciendo derechos y apremiando la vida cotidiana? “Vivimos en tierra restringida, en tierra ajena, solo los ‘Grupos de Apoyo’ se benefician y la mayoría somos perseguidos por SERNANP cuando sacamos nuestra comida de la Reserva Nacional Pacaya Samiria”, denunciaron los líderes del pueblo Kukama Kukamiria asentadas dentro de la Reserva. Los pueblos indígenas han conservado y fertilizado su territorio por miles de años, hicieron aprovechamiento responsable y lo seguirán haciendo. En este contexto, los países industrializados ofertan grandes sumas de dinero y asistencia técnica para la conservación de la amazonía con el propósito de reservar el carbono del más importante sumidero de los gases de efecto de invernadero. Lo paradójico es que en la plataforma convencional de lucha contra el calentamiento global no está encumbrado los derechos colectivos y los derechos humanos de los que al final están afrontando incluso con la propia vida las amenazas en curso: los pueblos indígenas.

Las autoridades locales, regionales y nacionales deberán pasar la valla de las estadísticas y de los discursos coyunturales para dar paso a la atención supervisada y real de los principales problemas identificados y advertidos miles de veces. Si pensamos en cómo encontrar opciones viables, tenemos a la vista un horizonte sostenible: encontrar el equilibrio entre el ritmo de la conservación ortodoxa de la amazonía con la inclusión de los derechos colectivos, sociales y económicos.