Monday, March 23, 2020

“Aquí vive nuestra sachamama”


Por: Jorge Pérez Rubio

Íbamos un fin de semana a buscar alimento en los bosques del medio Putumayo. Teníamos planeado atravesar el territorio que había sido habitado por nuestros congéneres hace más de un siglo. Allí nacieron y desaparecieron por la estrangulación social y la diáspora inducido por la barbarie de los patrones caucheros. Después de caminar más de cinco horas bajo las tupidas frondas –de riquísima historia, olores, colores y especies– caí en una trampa o tal vez pisé la línea inmaterial de un anillo de seguridad –diseñado para proteger el canasto de la sabiduría que pervive en su entraña, los vestigios aún de pie y la resonancia de las canciones dedicadas a la naturaleza y al triunfo de la vida–  que, en menos de un segundo, abrió sobre nuestro alrededor una ráfaga de rayos incandescentes y aterradores. No cayó sobre nosotros porque mi padre tenía el sello de la milenaria cofradía. No te asustes hijo, el espíritu protector de nuestros antepasados no te ha reconocido. Ven aquí para decirle que eres parte de la familia –dijo mi padre mientras quemaba un poderoso cigarro de su hechura– de lo contrario la encendida tormenta no cesará. El potente humo de tabaco envolvió mi cabeza por varios minutos. Fumaba y alternaba con invocaciones de calma a nuestros antepasados subyacentes en la sagrada montaña –con los ojos enfocados por debajo del dosel humeante y azotado por la estrepitosa sucesión de descarga eléctrica– afirmaba mi pertenencia al clan murui muinane y pidió perdón por no haber advertido mi presencia. El cielo recobró el admirado azul en un cerrar y abrir de ojos, como si una colosal mano retiró el manto oscuro de la tempestad.

Abrigado por el sosiego pregunté qué pasó. Cómo el mediodía radiante desapareció repentinamente si no había señal alguna de inminente borrasca. Con quién hablaste. 

Este lugar –me dijo– es sagrado. El cacique ordenó, antes de huir con su pueblo, el establecimiento de un mecanismo prodigioso de protección concéntrica cuyo núcleo conformado por la maloca y las zonas circundantes deberán ser impenetrable e inalcanzable por personas extrañas. La avidez de los cazadores y buscadores de madera fina no pudieron remontar jamás el portentoso parapeto y la vida que en ella existe eclosionaron felices por mucho tiempo. En adelante podrás ingresar a esta tierra sin problemas, tienes el salvoconducto otorgado por tus abuelos, de por vida. 

Después de treinta años, en el río Tapiche, tuve el privilegio de escuchar una excitante e inquietante historia que hizo renacer el recuerdo de aquel mediodía de inclemencia y estupor, pero también de esperanza. Remanso se llama la valiente comunidad que dibujaba en una asamblea el tamaño del territorio donde viven, relieve, zonas de caza y de reserva, sitios históricos, lugares depredados y extraordinarios. Aquí vive nuestra sachamama –dijo con natural soltura el apu– y dibujó la figura del animal en el papel. Mi imaginación desprendida empezó a dar forma a la bestia de acuerdo a los relatos populares. 

Cómo sabes que es una sachamama.
Hace mucho tiempo que sabemos de él –el brillo de sus ojos expresaba honestidad y respeto por el ofidio que, según los expertos ancestrales, posee el dominio del agua y de la tierra– pero nunca pudimos acercarnos tanto. Intentamos varias veces, pero fuimos repelidos por relámpagos de alto voltaje, lluvias intensas y nubes que cegaron el sol. Nuestros chamanes tienen muy buena comunicación con el abuelo sachamama, es nuestro amigo y protege este vasto territorio. El día que nos abandone esta tierra quedará desprovista de la abundancia conocida y de la orientación espiritual y sanatorio, concluyó.

He pedido a Dios que libre de todo tipo de plagas a esta comunidad y muchas otras comunidades que coexisten con la naturaleza en armonía y reciprocidad. La comunidad de Remanso está conformada por más de 100 habitantes, no tiene escuela, botiquín ni medio de comunicación.

Tuesday, December 31, 2019

He visto aumentar el dolor y la pobreza.


Comunidad Nativa Victoria
Puinahua (río Marañón)

En los últimos cinco años la pobreza aumentó aceleradamente en las comunidades nativas y campesinas de la región Loreto. Me refiero a las personas que viven más allá de las capitales de las provincias –si estas urbes han permanecido de pie es porque los gobiernos lo han visto siempre como potencial electoral–. En intrigada reciprocidad les dieron muchas atenciones haciendo inversiones en infraestructura social e impulsando servicios básicos, de calidad incipiente e infrecuente. La delgada circulación monetaria –motivado por estos trueques– ha colocado a esta población en el cauce macilento de la dinámica de mercado. Mientras que las comunidades aisladas no alcanzan respuestas oportunas frente a la letalidad de la hepatitis B y otras enfermedades recurrentes, no hay en la lejanía disponibilidad de antídoto para mordedura de víbora ni siquiera existe una cadena de asistencia médica que atraviese la selva para salvar vidas. Las muertes frecuentes provocados por males evitables son más dolorosos y desnuda el cuerpo de la indiferencia y la discriminación que se engendra cómodamente en el sistema político actual del país. ¿Es posible remontar esta ignominia? Sí es posible. El desarrollo de la persona humana en un régimen de valores y posibilidades tiene que estar por encima de toda discusión y materia que enloquece a los líderes económicos y políticos de nuestra sociedad.

El programa “Beca 18” es una brillante política de educación superior para jóvenes estudiosos de familias de escasos recursos económicos. Durante su vigencia abrió las puertas de las oportunidades a muchos, pero también dejó frustrado a la mayoría de los que en algún momento creyeron haber pisado la escalera del progreso. El tamiz de los postulantes ha sido diseñado por eruditos de la educación básica regular que no tomaron en cuenta el bajo nivel de la enseñanza – aprendizaje en todo la región y la innecesaria focalización de los beneficiarios puso la última viga a las expectativas. Cientos de hombres y mujeres que no lograron acceder a la beca hoy talan el bosque para sembrar coca –cultivo que creció vertiginosamente en nuestra región tomando por asalto el sistema de seguridad del Estado permeable por los narcodólares, la réplica de las calamidades del VRAEM está a punto de estallar–, extraen oro de los ríos y manipulan mercurio, están al acecho de los grupos que actúan en la informalidad y del crimen organizado. Ni un segundo más debemos estar impasibles ante este claustro que oscurece la esperanza de un mundo mejor. Las autoridades deberán aunar esfuerzos para crear un sistema de educación superior alternativo que abrigue las almas recónditas sedientas de superación. La creación de un instituto superior tecnológico público aquí en Victoria arreglaría la vida de todos, me dijo el apu Nelson Arimuya. 

Loreto es la región con más áreas naturales protegidas creadas y otras encaminadas. Está muy bien proteger el bosque para seguir recibiendo de ella el pan de cada día, sin deteriorarla. Pero, ¿cuáles son los roles de las áreas naturales protegidas para aliviar el dolor y la pobreza del poblador amazónico? ¿Por qué se establecen sobre territorios ancestrales reduciendo derechos y apremiando la vida cotidiana? “Vivimos en tierra restringida, en tierra ajena, solo los ‘Grupos de Apoyo’ se benefician y la mayoría somos perseguidos por SERNANP cuando sacamos nuestra comida de la Reserva Nacional Pacaya Samiria”, denunciaron los líderes del pueblo Kukama Kukamiria asentadas dentro de la Reserva. Los pueblos indígenas han conservado y fertilizado su territorio por miles de años, hicieron aprovechamiento responsable y lo seguirán haciendo. En este contexto, los países industrializados ofertan grandes sumas de dinero y asistencia técnica para la conservación de la amazonía con el propósito de reservar el carbono del más importante sumidero de los gases de efecto de invernadero. Lo paradójico es que en la plataforma convencional de lucha contra el calentamiento global no está encumbrado los derechos colectivos y los derechos humanos de los que al final están afrontando incluso con la propia vida las amenazas en curso: los pueblos indígenas.

Las autoridades locales, regionales y nacionales deberán pasar la valla de las estadísticas y de los discursos coyunturales para dar paso a la atención supervisada y real de los principales problemas identificados y advertidos miles de veces. Si pensamos en cómo encontrar opciones viables, tenemos a la vista un horizonte sostenible: encontrar el equilibrio entre el ritmo de la conservación ortodoxa de la amazonía con la inclusión de los derechos colectivos, sociales y económicos.  

Saturday, October 05, 2019

Incierta alegría de bienestar.


Por: Jorge Pérez Rubio

Más allá de que fue constitucional o no la decisión del ejecutivo de disolver la composición del reciente congreso de la república, ha sido pertinente. Ha sido necesario impedir la secuencia de daños del nocivo cuerpo que se había enquistado dentro de la estructura política y de poder y que estuvo a punto de hacer metástasis. La mayoría de los peruanos elogia el hecho, celebra el acto de abatimiento y acaricia con entereza el imbatible monumento creado en la memoria colectiva. No obstante, reconocemos que la alegría de bienestar soñado es incierta.

Asentimos que no habrá cambios en la política económica basado hasta ahora en la extracción de recursos naturales de los territorios habitados por los pueblos indígenas y la consiguiente contaminación, deforestación, degradación del bosque y el atropello de los derechos colectivos y fundamentales. Estamos seguros que continuarán las concesiones forestales ilegales en territorio de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario de Loreto. La intención de pasar al olvido la remediación y atención integral e intercultural de las comunidades afectadas por la actividad petrolera no dejará de salir de la zozobra a miles de personas. Se hará cada vez más notoria la disminución de la importancia que el Estado da a la Educación Intercultural Bilingüe en todos los niveles. La construcción de carreteras sin ninguna rigurosa valoración económica, social y ambiental y el dragado de los frágiles ríos Amazonas, Marañón, Huallaga y Ucayali en más de una docena de “malos pasos” a través del Proyecto Hidrovía Amazónica, constituyen en los hechos lo que dijo, post disolución, el presidente Vizcarra: “el modelo económico no se tocará”.

La abundancia de comida de la crónica del Fray Gaspar de Carvajal provenía de los ríos que hoy está en los planes más controvertido y peligroso del Estado: el proyecto hidrovía amazónica. La realización del proyecto propiciará, sin duda alguna, la crónica de la miseria y del hambre. Miles de hombres y mujeres que tienen como legado las provisiones materiales y espirituales de los ríos están asustados y plantean un retroceso o replanteamiento del proyecto, en un momento donde el EIA-d no es más que papeles, vacío de respuestas frente a las preguntas sobre el dragado y las pesquerías y la posible distorsión del caudal de los grandes ríos en agravio de las comunidades ribereñas.

Recientemente el Ministerio del Ambiente dio pase al proyecto de Decreto Supremo que modifica el Reglamento de la Ley N° 27446, Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental, aprobado por Decreto Supremo N° 019-2009-MINAM, que afecta derechos indígenas de consulta previa de los estudios ambientales, territorio ancestral y medio ambiente saludable. Estas formas legales recurrentes que buscan el debilitamiento de los estándares sociales y ambientales para consumar la destrucción de la amazonía están en marcha.  

Nuestros abuelos nos decían que debemos cuidar nuestro territorio por que bajo su protección y proveeduría tendríamos larga vida, paz y sabiduría. Durante miles de años venimos cumpliendo esta milenaria enseñanza. Cada vez cuidar el territorio es más difícil frente a la avalancha de amenazas. Aun así, nuestro compromiso con nosotros mismos y con el mundo es inflexible.