Thursday, January 03, 2013

“No tienen derecho, pues no tienen territorio”.


Según informe de trabajo de campo del PIAV – AIDESEP, el 30 de diciembre de 2012, ingresó un grupo conformado por 40 personas dentro del territorio de las comunidades nativas “El Lobo” y “Nuevo Capanahua”, asentados en el río Blanco, Provincia de Requena. Todos uniformados y con los credenciales de la empresa petrolera Pacific Stratus convocaron a “talleres” de información, donde participaron dirigentes y pobladores de las dos comunidades. Los representantes de la empresa petrolera dijeron, en resumen, que llegaron para la construcción de bases, sub bases, campamentos volantes y helipuertos, como parte de la infraestructura para la logística de exploración de petróleo en el Lote 135. El personal de Pacific Stratus estuvieron acompañados por monitores de SERNANP y falsos “guías antropológicos”, después de una rigurosa investigación se descubrió que fueron “motocarristas, enfermeros, técnicos agropecuarios, etc.”, reclutados en la ciudad de Iquitos. Los dirigentes y pobladores de las dos comunidades rechazaron cualquier actividad petrolera, expresaron su temor por la contaminación del agua, la destrucción del bosque y el alejamiento de especies alimenticias, cuyas bondades propicia la subsistencia de los pobladores del lugar. Entonces, el representante de Pacific Stratus dijo con prepotencia: “No tienen derecho, pues no tienen territorio”, “las dos comunidades no están tituladas, inclusive no tienen reconocimiento”. Seguidamente,  habló sobre la economía  y el progreso comunal basado en la explotación de petróleo. Los dirigentes y pobladores quedaron asustados por la excluyente y temeraria sentencia que empuja hacia la imposibilidad de ejercer el derecho de defender y decidir sobre el territorio donde nació la estirpe, hace miles de lunas. Los “talleres” no alcanzaron acuerdos de ningún nivel, dejando claro que Pacific Stratus actuaría paradójicamente en agravio de las culturas primigenias, basado en la desvirtuada lógica de la virgen amazonia “que actúa como factor limitante a las poblaciones existentes”.

Incompatibilidades.
El Lote 135 concesionado a favor de la empresa petrolera Pacific Stratus está sobrepuesto a la Zona Reservada Sierra del Divisor, creado en el año 2006, mediante Resolución Ministerial Nº 0283-2006-A, con la finalidad de proteger la importante diversidad biológica de la zona. “Este lugar alberga las únicas cadenas montañosas en la selva baja peruana, que se originaron hace más de 20 millones de años, casi al mismo tiempo en que el Hombre de Neardenthal habitaba Europa Central. La importancia de esta “Sierra” en medio de la selva es que genera condiciones propicias para importantes y largos procesos de evolución, de los que eventualmente pueden resultar nuevas especies de flora y fauna. Este privilegiado rincón del país alberga poblaciones bien conservadas de flora y fauna que en otros lugares se encuentran amenazadas” (Sierra del Divisor: Maravilla Desconocida. Caretas, Edic. 2221, Dic. 2012). Empero, el Estado peruano identifica primero como un lugar de prioritaria conservación y, luego, admite la exploración y explotación de hidrocarburos, actividad altamente incompatible con los objetivos de la Zona. La conducción práctica de un doble discurso afincaría en la Zona Reservada Sierra del Divisor el germen de la transformación social, ecológica y ambientalmente inviable.
Asimismo, AIDESEP y ORPIO, vienen gestionado ante el Estado la creación de la Reserva Indígena Tapiche – Blanco – Yaquerana, hoy sobrepuesto por el Lote 135, a favor de los pueblos indígenas en aislamiento, cuya presencia “ha sido ratificado por los funcionarios de INDEPA, la misma que será publicado mediante un informe oficial”. Los antecedentes de vida de los pueblos indígenas en aislamiento en la Zona se han demostrado mediante acciones concretas de protección. Brasil ha desarrollado políticas y normas que garantiza la vida los pueblos aislamiento ante la amenaza inherente a las actividades extractivas, para ello creó la categoría de “Tierra Indígena Valle del Yavarí” en la frontera del Estado de Acre (Brasil) con Perú, colindante con la Zona Reservada Sierra del Divisor. Estudios antropológicos afirman que los pueblos en aislamiento traspasan la frontera, periódicamente.
Recientemente, la Revista Caretas publicó un artículo donde menciona: “Además, la Sierra del Divisor se extiende sobre la Reserva Territorial Isconahua, creada por el Gobierno Regional de Ucayali para la protección de pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Asimismo, es un lugar que los científicos llaman “zona fuente”, porque allá se genera el agua y los recursos naturales que necesitan para subsistir los pobladores indígenas y mestizos que habitan en las partes bajas de las cuencas; y también suministra alimentos a importantes ciudades de la Amazonia como Pucallpa, Contamana y Requena” (Sierra del Divisor: Maravilla Desconocida. Caretas, Edic. 2221, Dic. 2012).

Conclusión.

El Estado, AIDESEP y ONGs que actúan y coordinan acciones para la protección de las personas y la diversidad biológica de la Zona, deben armonizar intereses proclives a la defensa de la vida, desde un enfoque histórico y social. Monitorear in situ la relación de Pacific Stratus con las comunidades a fin de evitar irrespetuosas formas de discriminación. Ante todo, se debe implementar la Ley de Consulta Previa.

Friday, December 28, 2012

Esbozo de una convivencia autosustentable.


La diferencia cultural de un pueblo originario de la amazonia con otro atañe, solamente, con la denominación que el idioma propio asigna a los mismos elementos materiales e inmateriales que sustentan la vida en relación con el bosque. Empero, la ubicación geográfica de un pueblo originario hizo posible la germinación de cualidades singulares, por ejemplo, los Kukama son mejores pescadores y diestros navegantes, conocen mejor la conducta de las especies que habitan en los ríos y cochas. Desde tiempos muy remotos ocuparon tierras bajas, entre várzeas y restingas cultivaron una promisoria cultura que hoy, después de los flagelos perpetrados por las misiones “reduccionistas” y las subsiguientes medidas homogeneizantes, pueblan comunidades vinculados con su legado cultural y se identifican con las fértiles fajas de los ríos Huallaga, Marañón, Ucayali y Amazonas.  Mientras que el Pueblo Bora (uno de los pueblos que nacieron en tierra no inundable), hicieron caminar su milenaria cultura en reciprocidad con el bosque de “tierra firme”, acentuando sus prácticas sobre la generosidad de las colinas y la aquiescencia de acogedoras quebradas que en su lecho fresca y cristalina, sostienen numerosas vidas.
El esbozo conceptual de una convivencia autosustentable dentro de una organización (familiar) de raíces ancestrales, plantearé tomando como modelo el territorio familiar del sabedor Bora Manuel Trigoso, septuagenario, viudo, delgado, alegre, de mirada acogedora y ágiles movimientos que muy bien podría compararse con el vigor de alguien mucho más joven, heredero del vasto saber que sus antepasados ejercieron.  Vive en una Maloka con características y funciones primigenias, ubicado en la entraña de una antigua purma a 300 metros de Pucaurquillo, comunidad nativa del río Ampiyacu. La familia está constituida por su hija y esposo, y cuatro nietos. Durante la noche planifican tareas para el siguiente día, teniendo en cuenta las inevitables prioridades humanas: alimentación, educación, espiritualidad y reproducción de los saberes tradicionales. Aquella primera noche de conversación percibí una gran energía que transmitió el legendario sabedor desde su enclave ceremonial, mediante aquellos hilos subliminales que la coca y el tabaco gobierna, inexorablemente, para lograr la conexión del hombre con las entidades anímicas. Pues, la renovación de la armonía en esta viva dualidad (hombre – naturaleza) ha de realizarse con la frecuencia del ocaso. El sabedor estaba sentado en el centro y nosotros a su alrededor adoptamos la dinámica de un sistema planetario: concebíamos ideas y percepciones dinámicas impulsadas por la brillantez de sus enseñanzas. Entonces, el sabedor asignaba tareas para el día siguiente no con la forma de un mandato sino con la virtud de los ejemplos referidos al rol y disciplina de la hormiga, resaltó la reciprocidad que practica el pájaro carpintero con el tucán: uno con su fuerte pico agujerea la parte alta del tronco de un árbol para que anide el tucán, al recibir la obra el tucán enseña un árbol de aguaje muerto con abundante suri, del cual se alimentará el cansado y laborioso pájaro carpintero. Alguien que estuvo sentado junto a mí, según me dijeron después que él habría de ser el próximo sucesor del sabedor Trigoso, me dijo:   “Mi suegro Trigoso habla desde un nivel alto de concentración para que escuchen, también, los espíritus del monte, y contribuyan con el éxito de nuestras tareas diarias”. El sabedor disertaba sin interrupción y con la elegancia propia de una entonación ascética, cuyo lecho agradable iba llevándome a un estado de paz no nunca antes percibido.
El día siguiente, antes de la salida del sol, los miembros de la familia habían iniciado sus quehaceres. Yo, el sabedor y un nieto suyo teníamos la tarea de cosechar hoja de coca para el ritual de la siguiente noche. Después de caminar lentamente por un terreno accidentado llegamos, después de una hora, a la chacra objetivo. “Esta chacra está listo con sembrío de yuca dulce, coca, piña, maní, dale dale, ají y tabaco, para hacer la próxima fiesta de la ‘marona’”, explicó el sabedor con profusa alegría y el brillo hospitalario de sus ojos longevos transmitía pudor y evocación del otrora mundo vernáculo exento de las perfidias y crueldades de hoy.  Durante el retorno pude observar y comprobar que el territorio del sabedor estaba organizado con fecunda idoneidad: las purmas antiguas proveen de especies, medicina y madera; las purmas jóvenes dan frutas de pijuayo, humarí, uvilla, cítricos, caimito y otros; las quebradas cercanas que divide una colina con otra disponen de peces para la alimentación de la familia (niños y jóvenes pescan después de salir del colegio y preparan sus alimentos mientras sus padres tardan en llegan de la chacra).
Y el bosque virgen está comprendido dentro de una latitud social de indispensable vitalidad, es el patrimonio de la familia, es la primera representación del padre creador (funciona perfectamente)  y el principal aliado del esfuerzo por un bienestar duradero. La familia del sabedor Trigoso no admira suntuariamente la cultura urbana sino reconoce sus peligros y se apropia de su principal bondad: la Educación Intercultural Bilingüe. La articulación con el mercado está basada en el expendio de productos hortícolas, artesanías y medicina tradicional. La “pobreza” aún no ha llegado al territorio del sabedor Bora, posponiendo la lógica utilitarista en su caracterización. Ellos se alimentan adecuadamente (derivados tradicionales de yuca, frutas frescas, pescado y carne, tubérculos varios, arroz, sal y azúcar provienen del mercado) y acceden al centro de salud cuando las enfermedades provienen de afuera). Usan trampas para cazar y pescar. No hay Televisor en éste pequeño régimen, se informan a través de la corriente de voces de amigos y autoridades que llegan al lugar.
Empero, la fertilidad del espacio social y cultural de una familia arraigado sabiamente a los conocimientos propios, y consciente de defender una situación de contrapeso para escapar de la pobreza existente en su alrededor, habría de servir para encontrar un verdadero modelo de comunidad autosustentable. El escenario existe, para ver su contextura se necesita una mirada y lógica amazónica.

Wednesday, December 05, 2012

Profusos saberes de los pueblos indígenas en aislamiento.


Los pueblos indígenas en aislamiento que ocupan territorios en la cabecera de cuenca y sub cuenca de los ríos Tigre, Yavarí, Napo y Tapiche en Loreto, conservan la mayor riqueza cultural primigenia debido al exiguo alcance de la sociedad mayoritaria. A diferencia de los pueblos indígenas integrados o contactados que han sido impelidos hacia la adopción de la lógica y noción liberal clásica, ellos reproducen saberes incólumes transferidos en procesos normales y concebidos en la praxis permanente, cuya coexistencia con el bosque constituye el único medio de subsistencia saludable y garantiza su prominente permanencia cultural. 

El dominio de los saberes relacionados con la medicina tradicional, la dinámica de los niveles tróficos en las cuencas y el uso demostrado de capacidades extraordinarias e ininteligibles para toda racionalidad común, deberán ratificarse como razones importantes en la búsqueda de la protección efectiva de los pueblos indígenas en aislamiento, mediante la creación de Reservas Territoriales que vienen siendo gestionado, ante el Estado peruano, por ORPIO y AIDESEP; en virtud de la Ley 28736 “Ley para la protección de Pueblos Indígena u Originarios en Situación de Aislamiento y Contacto Inicial”.   

Las propiedades de la plantas medicinales de la amazonía peruana clasificados por la farmacopea científica es muy poco en relación al vasto conocimiento que manejan los sabedores ancestrales conocidos y aún más abundante es el legado curativo de los pueblos en aislamiento. El eslabón no encontrado en el proceso de composición, combinación y modos de preparación de medicamentos tradicionales impide encontrar recetas efectivas para el tratamiento de enfermedades incurables y debilita la asistencia de la salud comunitaria con la prescindencia de productos de botica. Sin la abstracción de los saberes inherentes de los pueblos en aislamiento y la planificación de una recopilación rigurosa al momento que decidan formar parte de nuestra sociedad, encontraríamos un conjunto de posibilidades necesarias para la evolución confiable y eficaz de la ciencia médica. 

Los pueblos indígenas en aislamiento forman parte itinerante de las cadenas tróficas de las cuencas escenario de un sigiloso y prolongado desplazamiento entre distintos tipos de comunidades biológicas, durante tiempos inmemorables. Pues, mantienen vivo la relación de parentesco, resultante de visitas periódicas, con grupos aislados que habitan la selva del Brasil y Ecuador. Esta legendaria rutina habría permitido conocer conductas cronológicas que atañe a los procesos de alimentación y disponibilidad de las especies. Según testimonios de cazadores, habían encontrado recientes caminos furtivos de pueblos indígenas en aislamiento con la imposibilidad de cuantificar la cantidad de sus integrantes, todos pisan en un solo lugar que imprime la aparente huella de una sola persona. Estuvieron tan cerca que los cazadores oyeron imitaciones de silbidos de gavilán y rugidos de tigre, emitidos con estridencia para ahuyentar a los intrusos.  Por la agilidad y cohesión de la nómade población se presume que son minoritarios, sin ningún miembro senil. 

Las capacidades extraordinarias de estos pueblos fueron afirmadas por madereros ilegales que actúan en la cuenca del Curaray y Arabela. En lugares y tiempos diferentes tuvieron infortunadas experiencias que describen como un súbito temporal con nubes cargadas que oscilaban cerca de los árboles, cubriendo el sol radiante para oscurecer focalmente el lugar que habían ocupado, mientras se protegían de la lluvia, cayó un rayo que afectó seriamente las funciones auditivas de los ocupantes y dejó la atmósfera con olor a pólvora. Fuertemente atemorizados y con el pulso exaltado  huyeron sin mirar atrás. Después de cinco minutos de veloz retirada se dieron cuenta que el clima del nuevo lugar estaba apacible y el haz del sol entraban vigorosamente a través de resquicios de la floresta.

Tuesday, November 20, 2012

Páaja: fiesta bora.



El sábado 17 de noviembre del año 2012, en la Maloka de “Machope” (nombre propio de Manuel Trigoso, Curaca Bora de Pucaurquillo – Río Ampiyacu), se realizó una tradicional y portentosa fiesta denominado Páaja, mediante el cual se celebra la renovación o mantenimiento del vetusto techo de la maloka. Es una fiesta que arroja sobre un lecho de hojas las bondades de los cultivos y los variados bienes alimenticios que dispone el bosque. Los invitados del lado abajo y arriba del Ampiyacu traen consigo carne o pescado asado o fresco para intercambiar con productos de labranza del dueño de la maloka: casabe (torta de almidón), piña, maní y bebida preparada con agua hervida, almidón de yuca dulce combinado con extracto de frutas naturales. Cada quién recibe una justa equivalencia de su dación, por ejemplo, por un majás asado que da el invitado recibe cinco tortas de almidón y veinte puñados de maní, esta actividad está a cargo de las mujeres con el apoyo de los varones. El Curaca, dueño de la fiesta, entrega al curaca o jefe de la comunidad invitado cincuenta cucharadas de polvo de coca (mambe) y dos cucharadas de tabaco preparado (ambil). Los intercambios aseguran la alimentación durante los dos días de duración de la fiesta, mientras la coca y el tabaco tienen relación con el espacio espiritual que rige la existencia de la buena salud de los asistentes, la gentiliza del clima y la quietud de las especies peligrosas. 

“Machope” y sus asistentes se han ubicado en el fondo central de la Maloka, desde allí dirigía y respondía cada inquietud, felicitaciones, reclamos y sátiras vertidos por los invitados. Por ejemplo, una comunidad reclamó mediante canciones la inoportuna e inesperada lluvia que alteró los ánimos, pues, se mojaron pertenencias e inundaron varios tramos del camino. Tanto ha sido la incomodidad que hicieron más de cinco disparos al aire con escopeta de caza, desde el interior y exterior de la Maloka. Los visitantes mestizos y aquellos que desconocen las formas propias de protestar quedaron, brevemente, estupefactos y atemorizados. Mas tarde, participé dentro de la delegación de Manuel Miveco, Curaca de la comunidad de Brillo Nuevo, conversamos intermitentemente sobre la historia de Páaja, motivos y mensajes de las canciones. Cuando pregunté sobre los disparos realizados por su delegación me dijo que ha sido una forma de hacerle saber al Curaca dueño de fiesta que no ha logrado armonizarse con los principales espíritus y ha sido un llamado de atención para reaccione a fin de evitar mayores problemas mas allá de nuestra voluntad. Nuestros antepasados hacían que los espíritus del bosque ayuden a mantener la alegría durante la festividad, llovía después de la celebración, aseguró enfáticamente el Curaca Miveco.

Las canciones y danzas son peculiarmente agradables. La primera voz y sus asistentes se ubican en el centro de una fila compuesto por no menos de 20 varones, las mujeres danzan en el enfrente y cantan resaltando su voz transitoriamente como si se interrumpieran por si misma, al cual llaman “dúo”. Los jóvenes, niños y otras personas danzan en columna simulando el desplazamiento de una serpiente que envuelve la fila de mujeres y varones que cantan asistido por la percusión, sobre la tierra, de un trozo delgado de árbol de marona.   Cada grupo o comunidad canta durante un tiempo no mayor de media hora. En este primer capítulo de la fiesta que duró todo el día del sábado pasado hasta las diez de la noche, participó la comitiva cultural de la Asociación Curuinsi, con danzas y canciones afines.  A partir de las diez de la noche las canciones y formas de danzar son otras, inician cantando en voz baja como si estarían orando y que va elevándose progresivamente hasta normalizarse, este segundo capítulo se denomina lléeneba, que terminó a las cinco de la mañana de día siguiente, con la que finaliza la fiesta.

El capítulo lléeneba es un espacio de origen ancestral que cumple la función reguladora de las relaciones sociales con otros clanes o pueblos indígenas distintos. Es una oportunidad que tienen los invitados para expresar con creatividad y elegancia rítmica su conformidad o disconformidad encontrado durante su permanencia en el lugar. Los organizadores de Páaja están atentos a las dedicatorias para premiar o castigar, si hubiese excedido los códigos de conducta. El castigo consiste en forzar al autor del insulto, en este caso, a la ingesta del ambil con poderosa concentración de tabaco y sal de monte, causando fuertes mareos y vómitos.

Los jóvenes (escolares) de ésta zona han participado en la organización de la fiesta a partir de la inducción de los maestros bilingües, que por primera vez, tuve la reconfortante alegría de observar tan importante paso hacia la valoración de lo propio, que implica una nueva etapa del pensamiento indígena que se encamina hacia la construcción de una adecuada interculturalidad, que permita crear una forma propias de desarrollo con enfoque sistémico hombre – naturaleza.

Friday, October 19, 2012

Grito y esperanza: huellas del caucho.


 El 12 de octubre de 2012, en la Chorrera – Colombia, se realizó una importante e histórica convocatoria en el marco de la conmemoración del centenario de la encíclica Lacrimabili Statu Indorum promulgado por el Papa Pío X con el fin de “poner remedio a la miserable condición de los indios” que estuvieron sometidos a la barbarie del caucho dirigida por la Casa Arana. La Asociación Curuinsi ha sido representado por su presidente Rubén Medina Robledo, descendiente del pueblo Murui, en virtud de su labor colectiva orientado a revalorar y practicar la herencia cultural de nuestros antepasados.
Las organizaciones indígenas de Colombia presentaron un documento denominado “REQUERIMIENTOS DE LOS DESCENDIENTES INDIGENAS VÍCTIMAS DEL ETNOCIDIO CUACHERO”, con los siguientes temas: 1. Difundir, en todo el mundo, la verdad sobre la cauchería en el putumayo, 2. Sensibilizar al mundo empresarial sobre las masacres del pasado, cometido en nombre del desarrollo europeo, 3. Crear una institución de la memoria y movilizar el sector académico para su reproducción, 4. Crear una mesa de acuerdos y su implementación comunitaria, 5. Viabilizar mecanismos de reparación y ejercicio de la justicia.
Se hizo la exposición ante la presencia del embajador de Gran Bretaña Jhon Deew, “Nosotros no queremos guardar rencor, hoy, 100 años después estamos aquí para devolver y entregar a estos que nos hizo sufrir a quienes fueron responsables de lo sucedido, queremos  difundir esta verdad como lo hizo hace un siglo el Cónsul Británico Roger Cassement”, finaliza el documento.
Los artistas murui Santiago y Rember Yahuarcani pintaron un mural, en la pared de un colegio, denominado “El grito de los hijos de la coca, el tabaco y la yuca dulce”. Según las apreciaciones de los líderes, la obra de arte, hace visible el grito de dolor y esperanza, que refuerza la institucionalidad de la memoria.
El presidente de Curuinsi, logró agrupar a los hermanos indígenas del Perú, para reflexionar sobre el pasado y esbozar procedimientos necesarios que hicieran posible la construcción de una agenda común con enfoque de bienestar  autosustentable para los descendientes Murui, Bora y Ocaina que habitan territorios en el Putumayo, Ampiyacu y Napo. Esta idea deberá ir concretándose con la participación comunitaria y organizaciones aliadas, una vez concluida deberá presentarse al Estado peruano para su financiamiento. Lo que viene es un trabajo consensuado, desprendimiento de compromisos e identificación sociopolítica por una causa que la sociedad elitista trató de ocultar con el fin de proteger la careta del capitalismo salvaje.  
Más allá de la coyuntura comprende la soltura de la conciencia nacional y global en una época donde la pobreza de los pueblos indígenas se incrementa en relación a la disminución de la capacidad proveedora del bosque y donde el siglo XXI alumbra una crisis relacionado con la falta de liquidez para un país y abundancia de riquezas para otro, la tortura de los derechos de los ciudadanos y el privilegio de los estamentos financieros. Estos acontecimientos significan, para los pueblos vulnerables, una oportunidad para afianzar nuestra autonomía objetiva a partir del funcionamiento de proyectos de vida inspirados en nuestras herencias y dirigido por  líderes indígenas abolidos de los temores y atavismos de la esclavitud. 
Varias veces, nuestras lágrimas, cayeron como un caño roto al escuchar los testimonios sobre la tortura de adultos y niños. Hoy, las personas mayores que viven en la Chorrera nos dicen que las tierras no pobladas en los márgenes del Igaraparaná han sido despobladas por las migraciones forzadas o el exterminio brutal de sus habitantes, entonces, esas tierras vivas siguen esperando a sus hijos, como una madre que nunca pierde la esperanza de volver abrigar y amar a los suyos.  El sentimiento de nuestra tierra debe ser guía de nuestros sueños, volver a sembrar, cosechar y alimentar para progresar según los desafíos vigentes.